
Soy esa mole que divisas a lo lejos.
No soy imperfecta, simplemente estoy inacabada.
Doy amoroso cobijo a quienes, con curiosidad y respeto, hasta mí se aproximan.
Me conforman cientos de piedras grandes y pequeñas, redondeadas y picudas.
Es la herencia de mis antepasados, familiares, amigos, compañeros de existencias presentes, pretéritas y, tal vez, también futuras.
Seres que me han querido y respetado; que dejaron su huella para que yo la encontrara y eligiera seguirla o rehuirla.
Valoro y estimo todas mis piezas, porque todas ellas me conforman.
Cada uno de los que por mi lado han pasado y, sintiendo el impulso de dejar su aportación a mi existencia, lo han hecho, tiene mi reconocimiento eterno.
Pero a aquellos que se aproximan, en silencio y a hurtadillas, con la intención de extraer parte de mí, debilitando mi estructura y menguando mi presencia, que envidian mi tamaño y tratan de desmoronarme, a esos les advierto:
Mis piedras tienen memoria y volverán a mí. Mejor tenedlo en cuenta.
Procurad no ubicarlas en puntos básicos de vuestra casa, porque el día que ellas decidan volver a su origen, vuestra morada se agrietará gravemente y, tal vez, quedéis sepultados bajo ella.
Alas de Fuego















